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Regionales
21 de Agosto de 2016
Departamento Cruz del Eje. Villa de Soto

Devoción por el santo y alegría para la fiesta

Miles de promesantes de San Roque en Villa de Soto. Una celebración mística y pagana que atesora un siglo y medio en el noroeste provincial. El embeleso del río y el violento rojo de sus atardeceres. La historia contemporánea de un hombre, un perro y su bastón.


Los pueblos tejen su historia con el tiempo en el devenir cotidiano, pero suelen aparecer algunos que ya la poseen ancestralmente y están marcados a fuego por ella. Quizá sea el caso de Villa de Soto, localidad ubicada en el corazón de Cruz del Eje, donde los costumbrismos han echado raíces profundas y marcan su especial personalidad.
La devoción católica al santo francés San Roque en estas comarcas comienza en 1617 y el pueblo se fue convirtiendo en un centro de fe no solo regional, sino alcanzando todas las provincias e incluso los países limítrofes.
La meca de los enfermos, de aquellos que hacen promesas por ellos u otros postrados con esa fe profunda e inclaudicable en busca de la sanación. Así se postran descalzos al pie del santo en cada encuentro anual del 18 de agosto, pidiendo la gracia para los males físicos.
Momentos antes de la procesión, la jerarquía eclesiástica de la región se reúne alrededor del obispo, entre plegarías y cánticos religiosas frente a la iglesia del lugar. Hasta que la imagen de San Roque sale a la luz y la interminable columna comienza a caminar las 12 cuadres de recorrido: es la culminación de la espera de un año.
De todo, como en botica
Este año el encuentro gigantesco duró una semana que finalizó el domingo pasado, convirtiendo el lugar en una romería de mil colores, sabores y sensaciones, día y noche sin cesar.
Porque San Roque no solo es la devoción de sus fieles, es el asombro a cada paso como los 12 mil habitantes de este pueblo abren sus brazos y reciben a miles, en un fenómeno popular que se acrecienta al punto que el misticismo latente de cientos de misas y confesiones en la iglesia, se entrelazan con lo pagano de fiestas a cada paso, comedores populares,  cantores de toda laya, bailes criollos, donde se privilegia el buen comer y el mejor beber.
 “La Saladita” es un fenómeno aparte, este año cubrió cinco manzanas completas de las clásicas carpas, que venden los más insólitos productos: ropas, calzados, artesanías y mil artículos provenientes de todo el país. Un mundo inserto entre cientos y cientos de personas que deambulan por sus calles.
Otro clásico que se reiteró fue la carpa mayor municipal de la Expo, exhibiendo los micro emprendimientos, producciones locales y regionales, en una zona agrícola ganadera por excelencia y de alta producción ladrillera.
Toda la multitudinaria ronda de las adyacencias a la parroquia, está salpicada de locales de comidas típicas, cada uno con su peña y su conjunto o solista folklórico, en un espontáneo y variado espectáculo de bailarines, zambas y chacareras revitalizando las danzas propias. Mientras cada noche suena música de cuarteto en los clubes del lugar.
El lugar de tanto ajetreo es la magnífica plaza arbolada del pueblo, a los frentes de la iglesia, como lugar de descanso. A un paso la clásica Recova, una antigua construcción con reminiscencias de montoneras, cuándo atravesaban el lugar, Nada mejor que sentarse en las mesas de las calles hecha peatonales para esos días y dejar vagar la mirada por la magnitud de la celebración. O llegarse al río Soto, al observar sus rojos atardeceres, reflejados en sus mansas aguas.

De cuño español
La historia de San Roque en esta región del interior profundo nace en 1617, cuando una creciente arrasó el pueblo, también la minúscula capilla de adobes crudos que albergaba la imagen de San Roque, en el llamado Bañado de Soto.
Esta iglesia fue reedificada en 1620. Y en 1867 fue ubicada definitivamente en el casco céntrico del hoy Villa de Soto, en terreno donados por la familia Peralta, fundadora del lugar.
En 1856 fue erigida canónicamente en parroquia y encabezando el curato de las capillas vde Estación Soto, Concepción, La Candelaria, La Higuera, Serrezuela, Santo Domingo de los Poronguitos, Pichanas, Cruz de Caña, El Quebrachal, La Mesilla, Canteras Iguazú, Bella Vista, Paso Viejo y Tuclame.
Las pestes desatadas en épocas de la conquista española acrecentaron la fe en el santo francés.
Y la imaginería popular no puede estar ausente y narran los paisanos que suelen divisarlo aún a la distancia, llevando como compañeros su perro y bastón, aliviando algún mal en las soledades.

Algunas declaraciones que pueden ser útiles:
Tito y Sam, puesteros senegaleses: “Hace cuatro años que venimos a esta celebración, recorremos todo el país. En ventas la situación es regular este año, pero el fin de semana repuntó”.
Rosana, boliviana, puesto de ropas: “Venimos de siempre, este año no hay plata, no es cuestión de cantidad de gente., siempre vendimos bien”.
Victoria, boliviana: “Hace 17 años que ponemos la carpa. Pero este año muy flojo, la gente no tiene plata”.
Rosa y Marta, de Cruz del Eje y Deán Funes: “Es muy milagroso esto, venimos a agradecer los favores que nos dio desde el año pasado. Nos ayudó y aquí estamos con el santo”.
Carlos, de Valle Hermoso: “Venero al santo primero, pero luego no me pierdo guitarreada ni asado, firme todos años”.
Ramón, Córdoba capital, puestero: “Estuvimos la semana completa, somos artesanos y venimos siempre. Para nosotros anduvo bien, conformes y agradecidos”.
Andrés Gómez de Cosquín: “Hace 45 años que vengo y agradezco a San Roque, siempre nos ayudó en las malas”

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