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Investigación
21 de Septiembre de 2007

Los caminos de hierro de los crotos anarquistas

A lo largo de su historia, la ciudad de Rosario albergó importantes movimientos sociales, cuyo estudio es esencial para comprender la dinámica social rosarina.

Por Carlos Fos
Doctor en Antropología e Historia
Jefe de Archivo del Teatro Gral. San Martin (Buenos Aires)

A lo largo de su historia, la ciudad de Rosario albergó importantes movimientos sociales, cuyo estudio es esencial para comprender la dinámica social rosarina. Entre estos movimientos se destacan los de índole contestataria hacia el orden establecido. A finales del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX, por ejemplo, aparece un combativo movimiento obrero y un no menos influyente movimiento anarquista. Dos movimientos estrechamente vinculados desde sus orígenes y más aún cuando el surgimiento del sindicalismo de orientación anarco-comunista durante la primer década del presente siglo.

El nacimiento y desarrollo de estos tempranos movimientos contestatarios se inscribe dentro del desarrollo capitalista agro-exportador que se percibe claramente desde mediado del siglo pasado y el cual se acelera a partir de 1880. Este tipo de desenvolvimiento, a partir del cual se construye la Argentina moderna, promover un notable crecimiento en la región de la pampa húmeda, donde se asentaron la mayor parte de los capitales y de la mano de obra (provista mayoritariamente por la inmigración europea, aunque también debe tenerse en cuenta el significativo flujo migratorio desde el resto del estado argentino hacia la zona pampeana).

Al compás de este proceso, surgirán o se expandirán populosos núcleos urbanos, donde se alojarán los inmigrantes que no encuentren su lugar en el ámbito agrario, al no poder acceder a la propiedad de la tierra u obtener contratos de arrendamientos favorables. En estas ciudades, paralelamente al crecimiento de las actividades comerciales y de servicio durante las últimas décadas del siglo pasado, nacerán talleres, pequeñas industrias y algunas fábricas propiamente dichas. Rosario, gracias a este vertiginoso desarrollo, en pocas décadas pasará de minúscula villa a segunda ciudad de la república, rivalizando con Buenos Aires en cuanto a actividad económica y polo atraedor de inmigración.
Pilares fundamentales de esta mutación rosarina serán su puerto y los ferrocarriles que convergían hacia él, los cuales transportaban hacia el puerto rosarino la producción cerealera y, en menor medida, ganadera de la denominada "pampa gringa".

De manera concomitante a este crecimiento económico y demográfico, se irán constituyendo las primeras organizaciones obreras (mutuales y sociedades de resistencia), a partir de las cuales trata de canalizar sus demandas de mejoramiento social la naciente clase trabajadora local. Aparecerán, asimismo, las primigenias actividades de anarquistas y socialistas, las corrientes ideológicas predominantes hacia fines del siglo XIX y primeras décadas del XX dentro del movimiento obrero argentino, añadiéndose a ellas el sindicalismo revolucionario desde 1905, luego trocado simplemente en sindicalismo.

Rosario no sólo será la segunda concentración obrera del país sino, también, la ciudad donde los conflictos sociales alcanzarán una magnitud similar o superior a los de Buenos Aires, lo cual podría estar relacionado -en cierta medida- con las condiciones de vida más duras que debían soportar los trabajadores rosarinos. En Rosario tuvieron lugar las primeras huelgas generales, en el marco de una localidad, del país. Las mismas se registraron a fines de 1901, a raíz de un conflicto iniciado en la Refinería de Azúcar (que empleaba más de 1000 personas, siendo una de los establecimientos industriales más grandes del país), y a principios de 1902. Además, existió un conato de huelga general en 1896.

La primera huelga parcial registrada en el país también se habría producido en Rosario. Se trata de la huelga protagonizada por los aguateros en 1877. Plácido Grela(1), en un artículo sobre los orígenes del movimiento obrero en Rosario, menciona además una serie de conflictos anteriores a la huelga de los aguateros, algunos de los cuales se habrían registrado en la campaña próxima a Rosario.

Por otra parte, la primera víctima mortal del movimiento obrero argentino fue Cosme Budeslavich o Budislavich, un trabajador eslavo oriundo del Imperio Austro-Húngaro que trabajaba en la ya citada Refinería de Azúcar. Budeslavich encontró la muerte en un conflicto registrado entre los obreros y la empresa durante octubre de 1901.

A principios de siglo, Rosario era denominada la "Barcelona del Río de la Plata" debido a la importante concentración obrera y al predicamento del acratismo. La influencia alcanzada por esta ideología en Rosario durante el período en cuestión parece sólo comparable con la que logró el anarquismo en Barcelona, superando incluso -en términos relativos- a la ciudad de Buenos Aires. Existen al respecto una serie de testimonios elocuentes de personas no comprometidas con el anarquismo y que por ende no tenían intención de agigantar su incidencia, como sí podía suceder entre los informadores libertarios. El médico catalán Juan Bialet Massé, por ejemplo, en su informe sobre la situación de los trabajadores en el interior del país a principios del siglo XX, expresa que el anarquismo "imperaba en las clases obreras de Rosario como único señor" [1]

Testimonios parecidos pueden hallarse en las declaraciones de dirigentes socialistas coetáneos. Enrique Dickman, apreciando que la actividad libertaria se percibía más en Rosario que en la Capital Federal, la definía como la "Meca del anarquismo argentino". Adrián Patroni, otro de los principales líderes socialistas de aquel entonces, también testimonia dicho fenómeno en una carta dirigida al periódico socialista LA VANGUARDIA, publicada el 20 de noviembre de 1901.

Las primeras actividades anarquistas en Rosario sobre las cuales tenemos conocimiento cierto se remontan a 1890, cuando aparece EL ERRANTE, grupo de propaganda anarquista. En ese mismo año est registrada la presencia anarquista en el acto del 1º de mayo celebrado en la Plaza López de Rosario, en concordancia con lo establecido por el Congreso Socialista Obrero de París en 1889. Hacia 1893 aparece DEMOLIAMO, periódico comunista-anrquico, la primera publicación ácrata editada en Rosario de la cual ha quedado un documento directo. En efecto, el original del nº 2 de DEMOLIAMO se conserva en el Instituto Internacional de Historia Social de Amsterdam, a donde llegó gracias a la donación efectuada por el historiador austríaco libertario Max Nettlau de su cuantiosa biblioteca, hemeroteca y archivo personales. Muy probablemente la presencia anarquista dataría de años anteriores a 1890. Así, en 1888 se habría editado la publicación EL OBRERO PANADERO, la cual respondería a los lineamientos ácratas. Este órgano, según Plácido Grela, perduraría hasta mediados de 1890, contribuyendo a difundir las alternativas del acto del 1º de Mayo antes mencionado. Dos destacados ácratas, Francisco Berri y Virginia Bolten habrían estado ligados a EL OBRERO PANADERO, que además de ser un órgano libertario, según Grela, era el vocero de la sociedad de resistencia de los obreros panaderos rosarinos, uno de los gremios más activos en aquellos años y entre cuyos miembros solían reclutarse no poco militantes anarquistas.

Existiendo una presencia ácrata en Buenos Aires desde la década de 1870 y habiendo llegado tanta inmigración europea a Rosario desde mediados del siglo XIX no es aventurado pensar que, por lo menos, ya en la década de 1880 hubo algún tipo de actividad anarquista en esta ciudad del sur santafesino. Referencias literarias a estas actividades se pueden encontrar en un cuento de Alberto Campazas titulado "Venancio borracho", donde se habla de un obrero español bakuninista que durante los años ’70 del siglo pasado trabajó en la construcción del ramal ferroviario Rosario-Cañada de Gómez y trató de organizar sindicalmente a los obreros que participaban en aquella empresa. Lo cierto es que en la última década del siglo pasado aparecen en Rosario una importante cantidad de grupos de propaganda anarquista, se editarán periódicos y folletos, se efectuarán variadas actividades culturales y se observarán intentos de orientar al movimiento obrero hacia finalidades libertarias, que cristalizarán con el surgimiento de la FEDERACION OBRERA LOCAL, que hacia 1896 editará el periódico LA FEDERACION OBRERA. Respecto de la participación en las sociedades obreras se registró una dura polémica entre dos tendencias anarquistas denominada una "organizadora" y la otra "antiorganizadora" o "individualista". Los primeros eran partidarios de la actividad gremial en la medida que no se renunciara a los objetivos libertarios, mientras que los segundos se oponían a la misma, pues definían a esas sociedades como reformistas y autoritarias, y por ende contrarias a los principios ácratas. La preeminencia lograda por los organizadores dentro del anarquismo local en los últimos años de la década de 1890 definió el pleito a su favor. A partir de entonces, y con la creación de la FEDERACION OBRERA ARGENTINA (F.O.A.), luego FEDERACION OBRERA REGIONAL ARGENTINA (F.O.R.A.), se irá delineando el sindicalismo de orientación comunista-anárquica. De esa manera, los sindicatos impulsados por los libertarios se convertirán en la organización privilegiada dentro del movimiento, desplazando de ese lugar a los grupos de afinidad o grupos específicos de propaganda

El hecho de que Rosario ocupara un sitio de primer orden en cuanto a la magnitud y radicalización de las luchas sociales no parece ajeno a la hegemonía alcanzada por el anarquismo dentro del movimiento obrero local, pues los anarquistas trataban de obtener el máximo de las concesiones en cada conflicto y aspiraban a convertir la huelga general en la antesala de la revolución social por ellos preconizada. Para visualizar como se fue dando esta preeminencia resulta imprescindible estudiar los medios que se dieron los ácratas para llevar adelante sus propósitos, difundiendo las propuestas libertarias, promoviendo la organización de los trabajadores y oprimidos en general, canalizando sus demandas de mejora social y ofreciéndoles actividades para el tiempo libre. En suma, debemos estudiar la manera en que estas organizaciones se adecuaron a las necesidades de una gran parte de los trabajadores.

El estudio del anarquismo rosarino es de gran valor tanto para una mejor comprensión del anarquismo argentino como para la del temprano movimiento obrero de estas latitudes. Por supuesto, una mejor comprensión de estos fenómenos nos permite una más adecuada consideración de la sociedad rosarina y argentina de la época.

A pesar de la importante significación de estos temas para el conocimiento de la realidad histórica local y nacional, no ha existido, hasta mediados de la década de 1980, una gran preocupación por la historia social rosarina y de los sectores trabajadores en particular. Existían sí algunas obras relativas al movimiento obrero y a la clase obrera argentinas que brindan algunos datos sobre la organización obrera y la actividad anarquista en Rosario. Tenemos así, por un lado, los trabajos clásicos sobre el movimiento obrero argentino, escritos por Sebastián Marotta (sindicalista), Diego Abad de Santilln (anarquista), Jacinto Oddone (socialista), Martín Casaretto (socialista) y Rubens Iscaro (comunista). Estos autores abordan la historia del movimiento obrero argentino desde sus respectivas orientaciones ideológicas. A esta bibliografía debemos agregar las producciones bibliográficas más tardías de Alberto Belloni, Julio Mafud, Hobart Spalding, Samuel Baily, Julio Godio, José Panettieri, Jorge Solomonoff y otras más recientes de Ricardo Falcón, Edgardo Bilsky, Antonio López, Leandro Gutiérrez y Ricardo González. Varios de estos autores centran su interés en la relación establecida entre los anarquistas y la organización sindical. Por otro lado, se encuentran las obras dedicadas específicamente a los anarquistas. En esta categoría figuran las obras de Ernesto Gilimón, Enrique Nido, Diego Abad de Santillán, Max Nettlau, Fernando Quesada (los cinco eran militantes anarquistas), David Viñas, Hugo del Campo, Iaacov Oved, Gonzalo Zaragoza y Dora Barrancos. Todas estas producciones, en mayor o menor medida, privilegian lo acontecido en Buenos Aires, el resto del país actúa como telón de fondo.

Hasta los últimos años, como decíamos, existían muy pocos escritos referidos a la historia de los trabajadores rosarinos. Los pioneros en estos estudios han sido Daniel Maquirrian, Roberto Marrone y Plácido Grela. Afortunadamente, desde 1984 se ha registrado un mayor interés por este tema. Han salido a la luz, de esa forma, una serie de investigaciones. Un trabajo dirigido por Ofelia Pianetto trata acerca de las condiciones de la vida obrera y de la formación del movimiento obrero en Rosario. Debido a su carácter general, esta obra vale más por su índole pionera que por las precisiones aportadas. Diego Armus y Jorge Hardoy se han dedicado al estudio de las condiciones de vida de los sectores populares locales hacia fines del siglo XIX y principios del presente.

Además, un conjunto de investigaciones específicas se están llevando a cabo por jóvenes historiadores locales de la Universidad Nacional de Rosario. Ricardo Falcón, Alicia Megías, Alejandra Monserrat, Agustina Prieto, Maricel Bertolo, Adrin Ascolani, por ejemplo, han elaborado trabajos referidos a los intentos estatales por disciplinar y moralizar a los sectores populares rosarinos, a las condiciones de vida de los mismos y a las actividades de anarquistas, socialistas y sindicalistas en el lapso comprendido entre las postrimerías del siglo XIX y las primeras décadas del XX

Una característica relevante de la producción bibliográfica sobre el anarquismo argentino es la concentración de los estudios en torno al papel desempeñado por los ácratas en el ámbito sindical, relegando a un lugar secundario otras cuestiones esenciales en la práctica de los libertarios, a saber : la educación libertaria, la literatura creada por los escritores anarquistas (Alberto Ghiraldo, Alejandro Sux, Florencio Sánchez, Félix Basterra, Antonio De Carlo, etc), diversas manifestaciones artísticas (cuadros filodramáticos, coros, payadores libertarios, tangos sociales) y recreativas (veladas, picnics), los centros de estudios sociales, bibliotecas y Casas del Pueblo, la propaganda oral y escrita desarrollada por los grupos de afinidad, con la consecuente proliferación de periódicos, folletos, libros, manifiestos, ensayos cooperativos e intentos de establecer comunidades libertarias (como la experiencia frustrada de Macedonio Fernández y el padre de Borges en Paraguay). También permanecen en un segundo plano o directamente no son tratadas cuestiones claves en el discurso y la práctica anarquista, como ser el papel de la mujer (tanto a nivel de su participación en el movimiento anarquista, como la imagen y las propuestas que tenían los anarquistas respecto de ellas), el internacionalismo, el antimilitarismo, el pacifismo, la cuestión religiosa (más allá de la prédica anticlerical y atea, subyacen en la ideología ácrata una serie de elementos frecuentemente asociados a ciertas cosmovisiones religiosas, como ser creencias escatológicas, mesiánicas y apocalípticas), el tratamiento de la cuestión indígena y de los "salvajes" en general, las consideraciones naturistas y eugenésicas, la defensa de una lengua internacional (por ejemplo, el Esperanto). Además, sería necesario profundizar el análisis de las diferentes concepciones sobre los medios y los fines presentes en el movimiento anarquista local, tanto a nivel sincrónico como diacrónico. Diego Abad de Santillán rescató en sus obras la importancia de algunas de estas cuestiones y lo mismo podemos decir de las memorias redactadas por Miguel González, Laureano Riera Díaz y Juana Rouco Buela y de las extensas cartas que a modo de memorias durante varios años José Fernández remitiera a quien escribe estas líneas. En estos últimos años, además, Dora Barrancos, Mabel Bellucci, Jean Andreu, Mauricce Fraysse, Eva Golluscio de Montoya y Hernán Diaz han dedicado valiosas investigaciones acerca de algunas de las cuestiones mencionadas.

Otra cuestión a tener en cuenta es la importancia que tuvieron los crotos o linyeras en la propagación del anarquismo, sobre todo a partir de fines de la segunda década del presente siglo y hasta principios de los años ’30. Estos trotamundos que usaban sus piernas y los vagones del ferrocarril a modo de alas, son los protagonistas de varios artículos de Hugo Nario y Alicia Maguid y de sendos libros de dos ex crotos: Beppo Ghezzi y Angel Borda. Referencias acerca de ellos también hallamos en los recuerdos de viejos libertarios, como los ya citados José Fernández y Miguel González. Mucho queda por estudiar para precisar la incidencia de los crotos libertarios en el surgimiento de sindicatos rurales o de pequeñas poblaciones, en el establecimiento de bibliotecas obreras, en la organización de huelgas en los pueblos y en el campo, en la circulación de las ideas anarquistas.
Sin lugar a dudas la figura de Hugo Woollands se destaca en este camino de acero, merced
A su temple y actividad continua. La misma va a ser registrada en un pequeño diario.
“Recuerdos de un militante anarquista”, libro 286 páginas, es un sintético relato de la intensa vida del idealista que unió, en prolija catarata, lirismo, vertientes sindicales, políticas, sociales y culturales sin ningún tipo de claudicaciones. En el comienzo un párrafo dice: ”Saludo al compañero Croto, trashumante, jinete consumado de los cargueros que recorrían la república llevando folletos anarquistas en el mono y sueños de redención en el alma.”

Hijo de Luis Woollands, seudónimo Juan Crusao autor de la célebre “Carta Gaucha “, obra de reacción valiente ante la injusticia, nació en Mar del Plata por 1918, a los 10 años fue peón de chacra. A temprana edad conoció militancias, trotamundos y destinos inquietos, a veces promovidos u obligados por actitudes policíacas. Su padre, no lo inscribió en el registro civil, creyó que se estaba en los albores de una nueva vida en libertad y justicia. En uno de los irracionales allanamientos a su casa, del pueblo de 25 de Mayo, con 13 años y su hermano 15 fueron esposados y llevados presos hasta otra ciudad. Así comenzó a conocer el lado tenebroso del poder político. Dos años mas tarde, radicado con su familia en Tandil, trabajó en mudanzas, venta ambulante y en una panadería. Luego siguieron aventuradas juntadas de maíz por norte de las provincia de Buenos Aires y Santa Fe, partidas y regresos en trenes de carga acompañado ocasionalmente por los célebres “Bepo” Ghezzi y Mario Penone, hoy desaparecidos, pero afortunadamente rescatados en la laureada película “Que vivan los Crotos” de Ana Poliak. Allí en una de sus acotaciones dice: “Los Crotos no se sometían a la bajeza y humillación de ir a solicitar una limosna de puerta en puerta”.
Una de sus memorables travesías en trenes, la realizó a bordo de vagones mixtos de Hunter a Buenos Aires, luego en el techo de un carguero, templándose en el nocturno frío de agosto, envuelto solamente en un poncho y con un simple ”mono” como equipaje: Temperley, Dolores, Maipú, Ayacucho y Tandil. Su natural lirismo, oculto en un manto de modestia lo volcó a la simpleza de la realidad. Le escuchamos entre otras obras su “Canto a la alpargata” : Alpargata, modesta, humilde, humildísima alpargata/ voy a cantarte aunque no soy poeta ni se hacer versos/ Si habrás andado, alpargata, ceñida a las patas malolientes de los criollos que se bajaban del caballo, solamente para dormir/ Si habrás andado abrazada a los pies de Crotos caminadores, de aquellos, que llevaban folletos Anarquistas en el “mono” y sueños de redención en el alma.

Volvió a Mar del Plata en noviembre de 1939, para quedarse definitivamente. Inmediatamente se vincula a la Casa del Pueblo y Biblioteca Juventud Moderna. Despliega profusa actividad sindicalista y de actor en un conjunto filo dramático. Esta inquietud la mantiene persistentemente y no resulta extraño que en 1971, coincidiendo con los esfuerzos de construcción del teatro Diagonal, garantizó en anonimato, con su peculio particular la deuda contraída, acompañado por otros militantes entre los que se contaba Rubén García. Posteriormente, con la dirección de Domingo Agüero representó un destacado papel en la obra de Thorton Wilder “Nuestro Pueblo”, que se ofreció en dicha sala, hoy paradójicamente ocupada por un grupo religioso.
El protagonismo obrero, le encontró en la esfera de la labor constante, sin que por ello descuidara su hogar y lo referente a la tarea de fomento barrial. Aportó un caudal interminable de docencia y conceptos cooperativos, principios que quedaron en su zona, como realidad de invalorables obras públicas. Su espíritu de lucha lo situó en el seno de la Federación de Cooperadoras y Proveedurías Escolares, Acueducto Sur, Sala de primeros auxilios, Biblioteca Juventud Moderna, F.L.A y Casa del Pueblo adherida a la F.O.R.A.
Al realizarse 1996 la Primer Cumbre de Crotos, bajo el lema Libertad Derecho supremo del hombre, "Don Héctor" disertó sobre el tema "Libres y Crotos" como colofón de su charla afirmó "El Croto, de hondo sentido solidario es libre por vocación, ha aprendido la profesión de hombre plenamente, ayudado por las circunstancias y auxiliado por las necesidades. La madre naturaleza le ha indicado la manera de vivir y los secretos de la vida, para que pueda sobrevivir y no carecer de las cosas más elementales". En julio de 1997 en un reportaje dijo: " Si me tocara repetir la vida haría lo mismo", ... 48 horas mas tarde al inicio de un acto cultural, asistimos impotentes a la realidad de la detención de su inmenso corazón libertario.-
Angel Somoza nos cuenta de sus viajes por el país. El conforma la primera etapa de formador de acólitos. Los crotos que siguieron, en general, y debido a las grandes
Persecuciones no contaban con un bagaje teórico importante y sólo tomaban algunos
Elementos aislados de la práctica nómade. Aquí tenemos un pequeño testimonio:
"Iba y venía, subía y bajaba, paraba en un sitio, estaba dos o tres días, tomaba otro carguero, elegía una chata abierta cuando había sol y hacía frío y me echaba en el fondo, pasaba de un ramal a otro, si había pique en la arpillera o en alguna chacra y me gustaba el sitio me quedaba más tiempo, pero si una mañana alumbraba linda o escuchaba el pito de algún tren, pedía las cuentas, cargaba el mono y otra vez salía en busca de la estación mas próxima y subía al primer carguero que pasara para cualquier parte. Yo era con mi libertad como un chico con un juguete nuevo".
"Mi casa tiene catorce kilómetros de ancho por 47.000 de largo. Y la ventaja principal es que el dueño está en Inglaterra. Así que no me cobra alquiler".
"El perro era el enemigo del croto. Había que esperar la noche. Como el perro se pasaba todo el día corriendo, persiguiendo alimañas, cuando caía dormido no lo despertaba nadie. Pero eso sí: el momento era el primer sueño, el más pesado. A eso de las once de la noche, cuando toda la familia dormía, y el perro también, uno se metía en el gallinero y se llevaba una curva".

Uno de los desafíos de la investigación que me he propuesto es armar con el material recogido, basado en miles de testimonios orales y escritos, un pequeño glosario croto-libertario y un manual de apuntes con instrumentos ideológicos que utilizaban en su prédica.
Como muy breve muestra presento el siguiente material:

Glosario croto
Bagayera. Bolsa pequeña en la que se lleva el bandolión, algún plato, cuchara, jarro, yerba y comestibles mínimos.
Bandolión. Lata de aceite, cuadrada, de 5 o 10 litros, que se corta de lado y sirve para cocinar.
Bullone fato. Asunto terminado.
Catango. Empleado de estación ferroviaria. Gusano que vive debajo de la bosta.
Cerdo. Chacarero rico.
Changa solidaria. Donación de uno o dos días de trabajo de los ocupados en cosechas u otras actividades, a los recién llegados que carecen de posibilidades de colocación. Una versión reducida fue "el barato": la donación de una o dos horas de trabajo.
Chapón. Pederasta.
Croto. Linyera, caminante, hombre que va andando.
Culo largo. Puestero de estancia o peón mensual de a caballo.
Curva. Gallina.
Dar el te. Dar una paliza; dar un castigo que puede terminar en la muerte.
Engrasar los rieles. Morir bajo las ruedas del tren. También: "Engrasar las vías".
Hacer la Católica. Pedir de puerta en puerta. También: "Batir la Católica" o "Isabel la Católica".
Hacer una farmacia. Robar en una cocina. Hacer galopiar la pera. Comer demasiado rápido.
Hacer mate italiano. Calentarse el trasero cerca del fuego.
Juan Figura. Vigilante, policía. Las Tres Marías. Pan, carne y yerba.
Maranfio. Puchero, cocido.
Mono. Atado de ropa que se arma descosiendo las costuras de una bolsa de trigo o con un trozo de lienzo. Se coloca la ropa en diagonal (para que no se arrugue); se atan las puntas del cuadrado que quedan en la diagonal opuesta a la ropa y luego las dos puntas restantes. Y se cuelga al hombro.
Pasado de mono. Loco, chiflado.
Pedernera. Borracho.
Pique. Trabajo.
Porcacha. Mujer joven de las chacras.
Porcachona. La esposa del chacarero.
Ranchada. Lugar donde se pernocta al raso; por extensión, todo lugar en donde se acampe alrededor de un fogón.
Tartago. Mate. "Vamos a tomar unos tartagos." También "verdes".
Trabajar el cerdo. Robarle a un chacarero rico.
Viada. Lapso que transcurre en la vida de un croto; la vida en las vías.¤

Manual de consideraciones ideológicas

Del trabajo y la educación:

“Las ganas de trabajar no pueden ser nada más que el efecto de un largo desarrollo físico, intelectual y moral del trabajador. El trabajo, el trabajo auténtico, el que produce la riqueza y es fuente de la ciencia, tiene mucha necesidad de regularidad, de perseverancia y de sacrificio para poder ser amigo durante mucho tiempo de la pasión transitoria, por naturaleza inconstante y desordenada”.

“Todas las acciones, los movimientos, los pensamientos, los productos humanos tienen este carácter artístico; pero dicho arte nos lo dice la práctica de las cosas, lo desarrolla el trabajo: sucede que cuanto la habilidad del hombre se acerca más al ideal, tanto más él se levanta por encima de los sentidos. Lo que constituye el atractivo y la dignidad del trabajo es el poder de crear gracias al pensamiento, de liberarse de la mecanicidad, de superar la materia. Esta tendencia, débil en el niño demasiado inmerso en la vida sensitiva, más acentuada en el joven orgulloso de su fuerza y habilidad, pero sensible ya a los valores del espíritu, se refuerza con la madurez. ¿Quién no ha encontrado a algunos de esos obreros que han llegado a ser artistas de forma espontánea por larga asiduidad en el trabajo, para los que la perfección de la obra es una necesidad tan imperiosa como la subsistencia, que descubren en una especialidad aparentemente mezquina, perspectivas brillantes”.

“La filosofía y la ciencia nacen de la espontaneidad de los hombres… La idea con sus categorías, nace de la acción y a ella debe volver, so pena del decaimiento del que acciona. Y, ya que la acción es sobre todo trabajo, el problema del origen del trabajo está unido al origen de la ciencia. La idea se reconoce contemplándose en su obra”.

“Como en la antigüedad la iniciación a la belleza nacía de la divinidad, así en un futuro lejano la belleza saldrá como obra del trabajador, auténtico asceta y artista, y pedirá a las innumerables formas de la producción su expresión siempre nueva y siempre verdadera. Entonces por fin el Logos se demostrará y la humanidad trabajadora, más bella y libre que con los antiguos griegos, sin nobles y esclavos, ni magistrados ni sacerdotes, formará sobre la tierra cultivada una familia de héroes, de sabios y de artistas”.

“Hay que levantar la condición del obrero, empezando por levantar su valor por medio de la instrucción: fuera de esto no hay solución…Que los trabajadores lo den por enunciado”

“El aprendizaje es para nosotros la instrucción pública; la autoridad que debe presidir al mismo es la universidad que no se limite solamente a cuatro o cinco facultades sino que incluya en su amplio ámbito ciencias, arte, industrias, agricultura, comercio, trabajos públicos, ejército, economía, política, destino del género humano: desde los elementos del pensamiento hasta las últimas profundidades de la inteligencia. El derecho del aprendiz es conocer todo, ver todo, experimentar todo; su deber es el de realizar alegre y valientemente todas las fatigas impuestas por las necesidades de la sociedad y por el servicio interior de la fábrica. Este es el deber del aprendiz y la ley de la igualdad”.

“Fuerza del cuerpo, destreza de la mano, prontitud del espíritu, potencia de la idea, orgullo por las dificultades superadas, por la naturaleza sojuzgada, por el saber adquirido, por la independencia asegurada, por la comunión alcanzada con el género humano, por la participación solitaria al bienestar colectivo”.

Es necesario un período de selección de la totalidad de registros con que se cuenta para encarar, entonces la redacción de al menos dos volúmenes que recuperen la magna tarea
De estos trashumantes, generalmente reconocidos por los estudios oficiales como marginales o pseudohéroes románticos. Este proceso de desideologización es muy
Funcional a la tarea académica dominante.
De lo expuesto se deduce que, a pesar de los progresos realizados en los últimos tiempos, es necesario profundizar las investigaciones realizadas y extenderlas hacia áreas temáticas y geográficas no suficientemente exploradas.

No podemos concluir estas consideraciones sin hacer mención a las fuentes. Dos problema fundamentales se presentan a los investigadores del temprano movimiento obrero y anarquismo rosarino o argentino en general: a) la pérdida de una gran cantidad de diversos testimonios escritos elaborados por las organizaciones que los conformaban y b) la dispersión y mal estado de la documentación restante.

No obstante, el recurso a otro tipo de documentación (diarios o publicaciones de carácter general, registros estadísticos, memorias y cartas de antiguos protagonistas) y la consulta de todo tipo de bibliografía que pueda brindar algún dato, incluyendo obras de literatura, son instrumentos de gran valía que nos permiten avanzar en la labor heurística. Dentro de este conjunto debe brindarse especial atención a los trabajos ligados a la historia rosarina y Argentina.

Otro recurso lo constituye la consulta de publicaciones obreras elaboradas en países cuyos movimientos laborales estaban estrechamente vinculados , básicamente por cuestiones migratorias o por vecindad geográfica, con el argentino. Entre ellos sobresalen España, Italia, Francia, Uruguay, Chile y Brasil. Además, dado el carácter fuertemente internacionalista del anarquismo y, en menor medida, del socialismo argentinos, no sería extraño hallar referencias acerca de la situación local en publicaciones de dichas tendencias esparcidas por otros sitios de América y Europa.

La actividad de los crotos libertarios se fue diluyendo cualitativa y cuantitativamente desde fines de 1930. Si bien la concepción de libertad experimentada por los trabajadores golondrinas siguió a lo largo de por lo menos dos décadas relacionándola con el ideario ácrata, esta percepción es errónea.
Pero sus interminables esfuerzos, más allá de persecuciones y asesinatos, aún registran productos culturales (en especial bibliotecas populares) en muchos parajes del país.
El ejercicio de la memoria para no negarlos una vez más es mi compromiso.

Bibliografía:

[1] BIALET MASSÉ, Juan : El estado de las clases obreras argentinas a comienzos del siglo XX, Córdoba, U.N.C., 1968, p.453.

Bibliografía

Benson, Eduardo. Papeles para una historia del movimiento ácrata en sudamérica. Cuadernos del Sur. Buenos Aires. Edición Labor. 1969

Costas, Enrique. El racionalismo en Argentina. Buenos Aires. Ediciones Cántaro. 1986

Duarte, Mario. En busca del pasado anarquista. Paraná. Ediciones del Copista. 1990

Rios, Carlos. Educación libertaria. Salamanca. Ediciones Universitarias. 1996

Rios, Carlos. Teatro libertario y su acción pedagógica. Salamanca. Ediciones del huerto. 1995

Hilley, Edmundo. Banderas negras. San Pablo. Editorial Libre pensamiento. 1985

Luizzeto, Favio. Cultura y educación libertaria en el inicio del siglo XX en Educación y sociedad. Nº 12, septiembre 1982. México D. F. Ediciones UNICAMP, 1982

Orton, Marcus. El teatro libertario. Nueva York. Editorial Nuevos rumbos. 2001

Ponce, Julio. La escena ácrata. Montevideo. Ediciones dos banderas. 1995

Stirner, Alberto. El orden familiar. Córdoba. Ediciones del autor. 1882


PUBLICACIONES ACRATAS CONSULTADAS

Dignidad obrera. 1898-1905. Colección completa

El primero de mayo. 1904-1908. Colección completa

Lucha proletaria. 1906-1923. Colección completa.

Además deben consignarse las entrevistas realizadas por el autor del ensayo a los crotos libertarios Liborio Giménez, Claridad Aunchen, Baldomiro Ordoñez y Justicia Herrero


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