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Investigación
01 de Agosto de 2007

Un escritor burgués en el mundo ácrata

El anarquismo ha sido en los últimos años objeto de numerosos trabajos de investigación, lo que no ha asegurado la calidad ni la utilidad de tal esfuerzo.
Por Carlos Fos
Doctor en Antropología e Historia
Jefe de Archivo del Teatro Gral. San Martin (Buenos Aires)

El anarquismo ha sido en los últimos años objeto de numerosos trabajos de investigación, lo que no ha asegurado la calidad ni la utilidad de tal esfuerzo. Los teóricos de esta corriente del pensamiento raramente condensaron sus ideas en compendios sistemáticos. En general se limitaban a difundir sus creencias en forma de escuetos folletines que tenían un objetivo propagandístico, con rápido y fuerte impacto en la masa obrera. De esta manera aparecían incompletas nociones de los diferentes temas abordados. No podemos hablar de una corriente única en el movimiento libertario, ya que, por el contrario existen marcadas variantes en el ideario de cada uno de los teóricos más ilustres.
El ácrata rechaza el concepto de autoridad, dando absoluta prioridad al juicio individual, es por ello que hace profesión de antidogmatismo. En una conocida carta del intelectual anarquista francés Proudhon a Marx se lee: “No nos transformemos en jefes de una nueva religión aunque esta religión sea la de la lógica y la razón”.
Los conceptos libertarios contrarios a aceptar cánones rígidos aceptaban el evolucionismo natural de las ideas y reclamaban la diversidad, propia del individuo libre, sobre la homogeneidad impuesta. Así, nos resulta más complejo aprehender un eje ordenador de esta ideología y comprender su esencia de gran influencia en el movimiento obrero mundial desde mediados del siglo XIX. Emile Henry, un vindicador, condenado a la guillotina le explicaba en una carta al director de la cárcel: “No crea usted que la Anarquía es un dogma, una doctrina invulnerable, indiscutible, venerada por sus adeptos como el Corán por los musulmanes. No, la libertad absoluta que reivindicamos hace evolucionara continuamente nuestras ideas, las eleva hacia nuevos horizontes (de acuerdo con la capacidad de los distintos individuos) y las saca de los estrechos límites de toda reglamentación, de toda codificación. No somos creyentes”.
En realidad, pese a la variedad y a la riqueza del pensamiento anarquista, pese a sus contradicciones, pese a sus disputas doctrinarias (que en muchos casos dan vueltas en torno a conflictos que no son tales), nos hallamos ante un conjunto de conceptos homogéneos. Por supuesto, a primera vista, encontramos divergencias de fondo entre el individualismo de Stirner y el anarquismo societario. Pero si profundizamos en un análisis estricto comprobaremos que los partidarios de la libertad total y los de la organización social no están tan distanciados entre sí como ellos imaginan y como puede pensarse después de una lectura superficial. El anarquista societario es también individualista y éste podría ser un societario que no se atreve a reconocerse como tal.
La relativa unidad del anarquismo societario se debe a que fue creado aproximadamente en la misma época por dos maestros, uno de ellos discípulo y continuador del otro. Nos referimos al francés Pierre Joseph Proudhon y al exiliado ruso Mijail Bakunin. Estos pensadores tejieron la malla de un anarquismo colectivista, pero sus seguidores rechazan el calificativo y se proclaman comunistas. Uno de ellos, otro exiliado ruso Piotr Kropotkin, deriva la doctrina hacia un utopismo y un optimismo cuyo carácter “científico” no alcanza a disimular su endeblez. Por último, el italiano Enrico Malatesta, la orienta hacia un activismo temerario, a veces ingenuo, aunque la enriquece con polémicas plenas de intransigencia y a menudo de lucidez. Este último teórico tuvo una influencia decisiva en el derrotero del movimiento libertario en la Argentina y fue el responsable ideológico de esta expresión del pensamiento humano en el Río de la Plata.

El movimiento libertario en Argentina
Alcanzada la denominada Organización Nacional y luego de concluida la guerra con el Paraguay, comenzó a diseñarse un proyecto político-económico que definiría la identidad del nuevo estado nacido en el cono sur de América. La ubicación de Argentina como productora primaria de insumos para la posterior industrialización en los países centrales y el claro perfil agro-ganadero que se le asignó en el concierto mundial determinaría la posición ideológica de las capas dominantes locales.
La necesidad de mano de obra lleva a los gobiernos de turno a adoptar distintas medidas tendientes a acrecentar la inmigración, hasta llegar a sancionarse en 1876 el instrumento jurídico de mayor entidad hasta entonces. Ese año nacía la “Ley de inmigración”. A partir de ella el caudal de arribo de extranjeros aumentó considerablemente.
La llegada a la región de italianos y españoles con experiencia combativa en los grandes conflictos sociales europeos junto al nacimiento y posterior proceso de crecimiento del sector industrial argentino, marcaron el surgimiento (1870), desarrollo (1890) y cenit (1905-1920) del movimiento libertario en el Río de la Plata.
Inicialmente marginal y sin peso propio con respecto a las inquietudes del proletariado en formación, luego de superada una ríspida discusión teórica entre organizadores y antiorganizadores los ácratas se fueron volcando hacia una activa participación dentro de los sindicatos.
Esta participación es decisiva a partir de 1901, creada ya por inspiración de Pedro Gori la Federación Libertaria que culminó en la fundación de la Federación Obrera Argentina.
En la redacción de principios de la F. L. se exponen con síntesis y claridad el sistema ideológico del anarquismo, tal como se dio en el país, y evidenciando el contexto emocional de ese tiempo. Tenemos en esta declaración una impugnación radical de las estructuras sociales vigentes. Detalla las relaciones básicas de la producción y el poder y critica al sistema global de valores dentro del cual se producen e institucionalizan estas relaciones. Los valores son expresamente atacados a través de las corporaciones más conservadoras del citado esquema social: la familia, la religión y la Nación, como marco trascendente de libertades. Aparecen además, claramente definidos, los elementos estructurales en la acción. A favor de quién se actúa, los trabajadores y en contra de quién se acciona, la propiedad privada de los bienes de producción y el poder coercitivo del Estado. Es necesario organizar la sociedad global sobre distintas bases construyendo un proyecto histórico inédito.
Gori, con sus grandes dotes de publicista y orador, no sólo contribuyó a reformular los objetivos y medios de acción política y gremial del movimiento, sino que también atribuyó una importancia decisiva a la formación cultural de sus integrantes. Decía en uno de sus artículos publicado en el periódico “El hombre nuevo” (1) de Rosario: “Es imperativo lograr el mejoramiento intelectual del obrero, ya que si logramos disipar las sombras de la ignorancia que lo cubren podremos emanciparlo de las garras del capitalismo. Nuestras ideas deben ser comprendidas y así aceptadas; nada obtendremos imponiendo conceptos que resulten ininteligibles para la masa. Por el contrario, nos convertiremos en traidores burgueses imitadores de los mecanismos de esclavitud que queremos desterrar. Contamos con un arma mucho más efectiva que la pólvora, la imprenta. De su boca saldrán folletos para la alfabetización, libros para la elevación del espíritu y piezas de representación teatral que enseñarán en forma amena nuestro ideario. Formemos, pues, una larga bandera negra de centros y círculos libertarios que cuán loba romana amamante ideológicamente al trabajador.”

Los militantes anarquistas de fines del siglo XIX y comienzos del XX parecieron comprender intuitivamente la condición dinámica de las relaciones entre una élite y el público al cual ésta se dirige. Así ajustaron su liderazgo en la acción y en las formas de su comunicación a las expectativas del sector del proletariado urbano que constituía su audiencia. Estas formas de acción y de comunicación social no fueron el fruto de decisiones estratégicas racionalmente adoptadas. Se trató de una respuesta a una serie de factores predominantemente culturales, entre los cuales destaca la internalización del estilo de pensamiento del romanticismo; podría decirse una actualización del concepto de espíritu del pueblo. Esta posición se hallaba políticamente realibada por los partidarios de las tendencias individualistas y antiorganizativas que tan fuerte influencia tuvieron en los rasgos distintivos de la participación ácrata en el movimiento obrero local.
Dentro del contexto social objetivo de la época y del país, las respuestas positivas logradas por las propuestas de los anarquistas en crecientes sectores populares, ejercieron un efecto confirmatorio y reforzador de la línea de acción por ellos emprendida. Es así como en la abundante producción propagandística impresa del período ( y los testimonios concuerdan en cuanto a las comunicaciones orales) el acento está puesto en los aspectos dramáticos y emocionales de la situación de los sumergidos proletarios. En las condiciones determinadas históricamente por las élites del poder, éste era el tipo de mensaje adecuado para llevar al plano de la demostración la carencia de otras alternativas para la salvación popular que no fuera la acción directa. Acción directa contra los responsables visibles e inmediatos de la expoliación, los patrones, visando al mismo tiempo la destrucción del sistema que les daba origen y que les prestaba todo el apoyo de sus códigos y de sus fuerzas represivas. Este aspecto de las estructuras de comunicación social operadas por los anarquistas y sus diferencias con las llevadas a cabo dentro del mismo campo por los socialistas es confirmada por Jacinto Oddone, quien sostiene que “la acción de los anarquistas fue un obstáculo para nuestra propaganda (de los socialistas agrego), siendo la de ellos más primaria, más simple y más en concordancia con la mentalidad sencilla del pueblo”. (2)
Dicha actuación sobre la “mentalidad sencilla del pueblo” está en el origen de movimientos sociales que excedieron los marcos estrictamente gremiales.
La creación de los centros y los círculos ácratas es un fenómeno inédito por su producción y por la originalidad de su labor.
Y es en estos núcleos de difusión del movimiento donde rastreamos las primeras presencias de Ibsen.
En el centro Mártires de Chicago que funcionó durante casi dos años con diferentes locaciones en la ciudad de Paraná un grupo filodramático de visita por la zona puso Los pilares de la sociedad. Un boletín de propaganda ilustraba sobre “el carácter revolucionario y crítico de la pieza teatral que hará que ardan los corazones y se preparan para la lucha”.
En Rosario en el centro “Bandera proletaria” se celebró un encuentro para repudiar la Ley de defensa social en 1910. En el folleto que publicitaba los actos se menciona la representación de Un enemigo del pueblo por el grupo filodramático de la institución.
Ese mismo año hay más de veinte menciones a puestas de obras del dramaturgo noruego, destacándose una en Baradero de Espectros señalada como versión corregida “sin vicios burgueses”.
Desde entonces he registrado más de ciento treinta versiones de diferentes textos de Ibsen, en especial de Los pilares de la sociedad.
Una versión muy particular fue realizada en el centro Libertad de Paraná. Se trató de Un enemigo del pueblo puesta por un grupo de marineros de origen italiano que paraban en la ciudad en medio de sus tareas. Comentarios en periódicos regionales hablaron de lo disparatado y casi incomprensible lenguaje utilizado al tratar de manejar un cocoliche lavado.
Las bibliotecas de los centros y gremios también contaban con traducciones propias y con obras en inglés, ruso, italiano y una colección de “Obras europeas purificadas” encontrada en los registros de la escuela racionalista de Luján.
Sin embargo son muchos los teóricos y líderes locales que prefieren a los autores libertarios o a las producciones colectivas realizadas por los grupos filodramáticos del movimiento.
El debate sobre los intelectuales fue de gran virulencia e Ibsen se convirtió en blanco de
muchos ataques por considerarlo ajeno a las ideas socialistas.

La visión sobre Ibsen en un mítin
En la reunión de creación del círculo anarquista “Luchadores del ideal”, se discutió el papel de los intelectuales que condicionaría la producción cultural de los mismos. Joham Strim decía: “De los intelectuales, de las minorías selectas poco se puede esperar; en la historia tenemos un ejemplo terrible para la ciencia y la cultura en el manifiesto de los 93 profesores alemanes y las opiniones de sus colegas franceses e ingleses. El pensamiento se hizo sirviente de la contienda. No es la obra de ellos mismos cuando encargan de su emancipación a otros; ni es posible se emancipen quienes empiezan por estar sometidos a las buenas o malas intenciones, a los acertados o disparatados actos de otros, a la voluntad perezosa o activa de los demás, a las conveniencias particulares o no de otros. La emancipación de los trabajadores ha de ser obra de ellos mismos. Y agregamos con Farga Pellicer “que esta afirmación está fundada en el hecho de que no hay institución ni clase social alguna que por la obrera se interese”.Todas las que del monopolio y de la explotación viven sólo procuran eternizar nuestra esclavitud”.
Emilio Giusti terciaba: “No podemos tolerar tal intransigencia que nos convierte en enemigos de la revolución. Todo ser humano está llamado a las trincheras de la lucha contra la reacción y en especial los que cuentan con el arma del conocimiento. Es mi propuesta donar mi biblioteca personal al círculo para que apreciemos la belleza de los versos de Virgilio o la claridad de obras teatrales como Un enemigo del pueblo del noruego Ibsen. Acepto que sea llamado burgués pero sus piezas, en manos correctas, pueden ser esclarecedoras.”
Giussepe Marchesi, discípulo de Malatesta, interviene, “Por qué los médicos, los ingenieros, los arquitectos, los doctorados en derecho, en letras, los profesores y los artistas que comprenden no se acercan a sus hermanos supuestamente inferiores. Ellos que con tanto ahínco luchan para producir una obra maestra en cordialidad y arquitectura social que se ha convenido en llamar la Sociedad Futura por qué no se mezclan con la “turba”.¿Por qué los doctos no ayudan a los pocos preparados? Sencillamente, porque nuestra lucha es franca y expuesta; porque el obrero revolucionario no ensalza dioses ni cotiza cargos. Porque nuestra gente rechaza sistemáticamente los oportunismos que dan beneficio sin gloria. Porque el orgullo del proletariado no admite propósitos de monumentación, porque nadie se enriquece con clientes aclimatados en la miseria. Porque en nuestro caso la significación personal perjudica más que beneficia. Véase si no, las muchas “personalidades” que han fisgoneado en nuestro movimiento y han salido escapadas como gato con la cola prendida. Y el compañero me habla de burgueses de vino fino como Ibsen, que enmarañaba las palabras con críticas siempre moderadas que nada sirven. Sería una alta traición a nuestro movimiento comenzar este círculo con libros de este tibio en nuestra biblioteca. Flaco favor para nuestros cuadros filodramáticos. Obsérvese la página opuesta, la de los hombres generosos que verdaderamente han sentido la causa popular y se han puesto sin regatear al servicio de la misma. En lugar de preocuparse por las vanidades y las riquezas Kropotkin renunció a la dignidad de príncipe; Tolstoi, Bakunin, Sofía Perowskaya, despreciaron la distinción de conde. Fermín Salvochea desconsideró su propio bienestar en presencia de la miseria ajena. Mateo Morval dejó el hogar burgués de su padre para confundirse entre la multitud de sufridos proletarios. Y los doctores Solá, Vallina y Puente, más que ganarse la vida con su profesión ayudaron a vivir a sus pacientes. Aquí, en el exilio, un médico catalán, cuyo nombre no citamos para no herir su modestia, ayuda con su corazón enhiesto a los compañeros sin admitir que ellos lo ayuden a él.”
Vittorio Musto aumentó más la temperatura de la discusión. “No sé en qué libro de Unamuno leí las más cáusticas ironías contra ese hombre “raté” que es el intelectual. Pero creo que en aquel tiempo esa clase no había dado todavía la medida de su íntima e inmensa corrupción. Han tenido que sucederse los desastres humanos más crueles para que dieran hasta la última prueba de su cobardía, de su camaleonismo, endosando careta tras careta. Hoy, que ya los hemos visto de todos los colores, podemos juzgar con acritud, pero sinceramente.
Los intelectuales son ciertos virtuosos de la inteligencia –médicos, retóricos, fonetistas, ventrílocuos-que no siempre son los más inteligentes…. Y con asiduidad son los peores. Todos ellos ignoran aquello de escribir con sangre que decía Nietzche y han convertido el entendimiento en una máquina sacapenas. Esa idea bastarda del provecho material de la inteligencia opera corrosivamente en la blanduzca pasta con la que está formado el espíritu de un intelectual, disolviéndolo en la corrupción utilitaria que lo convierte en un tránsfuga constante.”
Amancio Trejo, representante del ala española del anarquismo vernáculo sumó su opinión: “Mi pueblo puede dar testimonio. Nunca militaron en nuestras filas hombres de lo que denominan talla intelectual. Jamás contamos en nuestro estado mayor un elevado número de profesores o literatos del que se jactan los socialistas. No tuvimos a un Reclus o a un Guillaume. Los hombres de profesiones liberales que dirigieron nuestros centros pueden anotarse con un número dígito. Nuestros inspiradores y maestros son exclusivamente trabajadores manuales autodidactas; el movimiento es netamente obrero. No quiero caer en una posición anti-intelectualista pero aseguro que sólo el proletariado salvará al proletariado. Me pregunto cómo afectará a nuestros compañeros la composición de nuestra biblioteca y los textos que representarán nuestros jóvenes. Discutamos quiénes son Zola, Superman o Ibsen. No me refiero solamente a aquellas cuatro piltrafas de las seudo cultura burguesa y retrógrada, no me interesan las cabezas de cacerola que hoy se encuentran en varias cátedras universitarias machacando las acostumbradas imbecilidades que difunden como verdades sacrosantas. Tampoco me interesan los intelectuales que se cansan en cavar, fuera de la mierda de siempre del propio cerebro, aquellos conocimientos sobre lo que pasa delante de sus ojos, ciegos de la fiebre del dinero y de la escalada social. Mi discurso se centra en los intelectuales de izquierda, los que hablan, desgraciadamente sólo hablan, de lucha de clases. Pero lo hacen desde dentro de sus cálidas poltronas, con la barriga bien llena, con una cuenta bancaria más o menos grande, con el automóvil delante de la puerta. Son estas caras repudiosas las que quisiera llevar ante el tribunal de la propia responsabilidad. Es contra ellos que va dirigida mi crítica.”
Otro español de apellido Godoy le respondió: “Parece que el compañero carece de memoria. No recuerda a Lorenzo Pi y Margall y tampoco a los numerosos hombres cultivados y de ideas. Tarrida del Mármol, uno de los dirigentes más importante de nuestro movimiento fue director de la Academia Politécnica de Barcelona y sepa que provenía de la peor rancia burguesía. José López Montenegro, que nos visitó y dirigió “La huelga general” fue coronel del ejército lacayo. Ricardo Mella, ingeniero gallego, notable teórico que apabulló a los Bakunin. Y por qué no, nombrar a tantos escritores e intelectuales que se acercaron a nuestro ideal, compartieron nuestros cafés pero fueron expulsados por nuestra intransigencia. Perdimos a Pío Baroja, Maetzu y Azorín. Me opongo a la estrechez de miras y fanatismos. Si en España cerraron las puertas a los intelectuales aquí no cometeremos esa equivocación.
Cerró el debate el ruso Hantovich :”Los literatos de profesión son como los actores teatrales, saben posesionarse de su papel y expresar bien ideas que en realidad no aceptan y sentimientos que les son extraños. Así, hacen de pesimistas cuando en verdad son tipos joviales que gozan de la vida y no se preocupan. Hacen de sentimentales, mientras en verdad tienen un alma egoísta y árida. Saben proferir en la ocasión necesaria himnos alados en homenaje a la rebelión y la libertad, aunque son reaccionarios y siervos.”
Luego de esta reunión las decisiones de los ácratas locales en cuanto al papel de los intelectuales nunca será el mismo. Mientras las corrientes duras sólo aceptaron la producción de los propios libertarios, el otro grupo más moderado, propició la libre circulación de los escritores burgueses que fuesen cercanos a la causa popular.
Ejemplo de esa presencia es el testimonio de Ulises German, vecino de Rosario, que participó en numeroso cuadros teatrales entre 1914 y 1923. “Mi padre, inmigrante alemán siempre me animó en la lectura. También desde niño la música acompañaba las veladas junto a la luz de la chimenea. Pero actuar era otra cosa. Si bien había participado de lectura de poemas en la escuela Mártires de Chicago, nunca quise integrar los cuadros filodramáticos. Temía enredarme con las palabras, olvidarme esos maravillosos textos que disfrutaba. Pero al dividirse el gremio portuario necesitaban gente para las representaciones y un poco a regañadientes me enlisté. Trataba de esconderme en los talleres de escenografía o en la confección de folletos de propaganda, hasta que un día don Francisco Nieto me conminó a salir a escena. Fue un pequeño papel en una obra sobre la huelga de hoteles.
Y fui tomándole el gustito, ayudando en la confección de dramas libertario y especializándome en la confección de muebles. Me emocionaban los aplausos y mi voz se escuchaba prístina interpretando monólogos dramáticos. Pero cuando terminamos la última línea de Un enemigo del pueblo en un local en el centro de Rosario la situación cambió. No sé por qué pero algunos empezaron a increparnos entre gritos y silbidos de traidores, flojos y hasta burgueses. Los ánimos parecieron calmarse cuando el dirigente linotipista Humber llamó a la cordura del debate pero cuando sentí una cacerola volando cerca de mi cabeza decidí abandonar el precario escenario. Los disturbios duraron un rato largo y mi afición por la actuación comenzó a decaer”.(3)


Notas

1. Hombre Nuevo N °15, Rosario 7/04/1902

2. Oddone J. Gremialismo proletario argentino. Ed. La Vanguardia, Buenos Aires, 1949

3. Fos, Carlos. Cuadernos proletarios Ed. Universitarias. México, 1997



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