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Sociedad (*)
15 de Abril de 2007

La noche de los gobernantes de papel



La inutilidad crónica de muchos funciones públicos les impide ver que la educación, los desmontes, la ruptura de las cuencas hídricas, las inundaciones, la contaminación y el tráfico de seres vivos están íntimamente relacionados.

Por: Raúl A. Montenegro. Biólogo

El jueves 5 de abril de 2007 quedará marcado por la crueldad y la insensatez de los gobiernos. Ese día se anunció la muerte de Carlos Fuentealba, un maestro neuquino de física y química asesinado por la represión que ordenó personalmente el gobernador Jorge Sobisch. Ese día también empezó el corte de la ruta 14 en respuesta a la violenta represión contra los Asambleístas de Gualeguaychú en Buenos Aires. Argentina está enferma, y esa enfermedad se llama funcionarios insensibles, funcionarios de rodillas, funcionarios cobardes, funcionarios borrachos de poder y ambición, funcionarios que se esconden en sus madrigueras para no perder privilegios. Un docente que sus propios alumnos eligieron como maestro del año. Asambleístas que en lugar de descansar en Semana Santa prefirieron luchar por sus ideas, que son las ideas de la mayoría de los argentinos. Sobre ellos se descargó la furia mesiánica, cruel y supuestamente iluminada de funcionarios que custodian el orden ¿qué orden? ¿la de reprimir con golpes y gases lacrimógenos a mujeres, hombres y adolescentes que defienden pacíficamente sus derechos?. El gobierno nacional y el gobierno de Neuquén escribieron un capítulo lamentable y sangriento que los ciudadanos de bien no se merecían, y que no olvidaremos. Como decía don Atahualpa Yupanqui: una gota de lluvia, con ser poca, con otra se hace aguacero. Esto mismo pasa con la sociedad. Así se suman los gritos de protesta, el pedido de justicia, y las memorias activas. Así se hace saber al poder que Argentina no es feudal, ni un shopping center abierto. Los maestros y los ambientalistas, hoy castigados por un estado que se resiste a abandonar la violencia burocratizada y la soberbia, no están en venta, ni se silencian con gases, cachiporras y escudos.

Es necesario defender los derechos humanos, y mostrar que los años de plomo no quedarán impunes. Pero también hay otros derechos humanos que no parecen tan protegidos. Son derechos incómodos. ¿Quién habla en los elegantes despachos gubernamentales sobre la tarea fundamental de los maestros? ¿Quién defiende a los pobladores atropellados por las empresas mineras, que se llevan el oro y nuestra dignidad, y nos dejan cuencas destruidas, ríos contaminados, y bombas de tiempo químicas? ¿Quién habla en nombre de los pobladores indígenas y criollos expulsados de sus tierras para que entren los sojeros? ¿Quién habla en nombre de los bosques, que son nuestra última posibilidad de supervivencia, y de respeto por nuestros descendientes? Desde ya no hablan los ministros, ni la inútil secretaria de Ambiente de la Nación (demasiada ocupada en no molestar a los plantadores de soja), ni los gobernadores de sonrisa artificial y miopía ecológica. Argentina tiene sus venas abiertas, y los cuchillos que las cortaron se llaman Barrick Gold, soja transgénica, plaguicidas, CNEA, biocombustibles, minas de uranio y metales preciosos, desmonte salvaje, incumplimiento de la Convención 169 sobre Derechos Indígenas. Pero para las grandes empresas que matan a generaciones de argentinos que todavía no nacieron, y que por su culpa jamás nacerán, no hay represión, ni gases lacrimógenos. Muy por el contrario los gobernadores y la Nación las reciben con alfombras aterciopeladas y desgravaciones impositivas vergonzosas. Pensar que muchos de nuestros antepasados perdieron su vida para que dejásemos de ser colonia. Hoy volvemos a serlo, pero con la bendición de quienes nos gobiernan.

Mientras en el litoral y otras regiones de Argentina las ciudades y sus barrios se inundaban, los gobernadores del noroeste herían de muerte el proyecto de ley que hubiera podido prohibir los desmontes. La inutilidad crónica de muchos funcionarios públicos les impide ver que la educación, los desmontes, la ruptura de las cuencas hídricas, las inundaciones, la contaminación y el tráfico de seres vivos están íntimamente relacionados. ¿Cómo se puede pretender que funcionarios temerosos y atornillados a sus butacas públicas entiendan que si se toca una flor se estremece una estrella? Su única poesía no tiene poetas ni frescura. Corren protegidos por botas de cuero, cascos, abogados leales, y hasta bolsones de justicia sin justicia. Sacaron fotocopias de Maquiavelo, pero olvidaron leer a Pablo Neruda y Rodolfo Walsh.

La noche del 5 de abril estuvo llena de tristeza y de furia. Un hogar neuquino perdió al padre, al maestro y al luchador. Otros hogares de Entre Ríos vivieron la angustia de los asambleístas detenidos injustamente en Buenos Aires. Treinta familias Mapuches y campesinas de la comunidad del río Persey casi no pueden dormir porque las máquinas del proyecto Trafipán podrían destrozarles sus tierras y sus sueños. Decenas de familias de campesinos de Santiago del Estero resisten el atropello casi colonial de la empresa Madera Dura. Varias familias Mbya Guaraní esperan con temor el próximo día, en que una empresa maderera bendecida por el gobierno de Misiones derrumbará el próximo y último árbol. Cientos de familias de Ezeiza viven con miedo porque sus aguas están contaminadas con uranio, y un avión podría estrellarse sobre el peligroso Centro Atómico. Y también están los bosques y los pastizales, y los arroyos, los suelos y la fauna silvestre, todos igualmente olvidados, todos igualmente destruidos en nombre del progreso, los negocios, y las futuras elecciones.

Por culpa de sus malos gobernantes hoy Argentina volvió a recibirse de republiqueta. Ya no bananera, sino sojera. Pero hoy Argentina también se sacudió de encima, una vez más, las cadenas, el miedo, y la indiferencia. Hoy me siento orgulloso de ser hermano de miles de maestros, asambleístas, y ciudadanos furiosos. Hoy me siento orgulloso de que no tengamos miedo.

Sando Pertini lo expresó de un modo duro y optimista: "A veces hay que luchar no solamente sin miedo, sino también sin esperanza".

(*) Biólogo. Premio Nobel Alternativo 2004, Estocolmo, Suecia. Presidente de Funam. Profesor Titular de Biología Evolutiva, Universidad Nacional de Cordoba.




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